Centrales Térmicas Convencionales

Centrales Térmicas Convencionales
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La energía de origen térmico, quemando carbón, derivados del petróleo o gases, es responsable del 55 al 60% de nuestra energía eléctrica.
En la caldera se quema el combustible que hace hervir el agua en los calentadores. El vapor de esta agua empuja las turbinas, después se condensa y se enfría en la torre de refrigeración. Las turbinas, a su vez, ponen en marcha el generador.

Un sistema de transformadores transporta la energía eléctrica a la red. Los restos de la combustión se expulsan por la chimenea de residuos.


Las centrales térmicas tienen la ventaja de poder producir grandes cantidades de energía en una instalación mucho más pequeña que la presa de una central hidroeléctrica. Además podemos ajustar esa energía a las necesidades sin dependencia de factores climáticos.
Uno de sus inconvenientes es que no es una energía renovable (el petróleo, gas o carbón quemados no pueden ser recuperados). Además, tampoco es una energía limpia, sus residuos son altamente contaminantes y el dióxido de carbono que se produce en la combustión contribuye al calentamiento global del planeta, circunstancia que se está agravando con el desarrollo económico de los llamados países emergentes.
Las centrales térmicas transforman la energía química del combustible en energía eléctrica.

En la foto vemos una gran central termoeléctrica española que funciona en la provincia de Valencia. Aunque resulta espectacular su torre de refrigeración, por ella sólo escapa vapor de agua. Es la delgada chimenea de residuos que vemos en segundo término la que vierte al aire los productos tóxicos.

En esta central de Puertollano se utiliza un sistema con menos residuos denominado sistema de Gasificación Integrada en Ciclo Combinado o GICC. Se basa en la obtención de gas combustible y su depuración antes de quemarlo en la caldera.
Como el carbón es más abundante y barato que el petróleo y este tipo de centrales produce menos contaminantes parece gozar de un buen futuro.
Sin embargo, hay que indicar que su efecto sobre el calentamiento global, ligado a la obligada emisión de dióxido de carbono no se evita en modo alguno. Actualmente hay investigaciones dirigidas a lograr almacenar este gas en bloques sólidos para aminorar su paso a la atmósfera.