Efectos de las Radiaciones no Ionizantes

Dada la proliferación incontrolada de fuentes de contaminación electromagnética a nuestro alrededor, son múltiples los científicos de renombre internacional que han mostrado su interés por el tema, advirtiendo del creciente riesgo a que nos vemos sometidos; en este sentido, apuntan no pocas investigaciones publicadas en prestigiosas revistas científicas. De entre los efectos adversos publicados en estas investigaciones podemos destacar los siguientes: cefaleas, insomnio, alteraciones del comportamiento, depresión, ansiedad, leucemia infantil, cáncer, enfermedad de Alzheimer, alergias, abortos, malformaciones congénitas, etc.

En mayo de 1993 David Reynard, de La Florida, estableció una demanda contra la NEC Corporation, fabricante de teléfonos celulares, argumentando que el tumor cerebral de su esposa había sido causado por las radiaciones electromagnéticas emitidas por su teléfono. El caso fue finalmente desestimado en los tribunales por falta de evidencias, pero la controversia acerca de la seguridad de los teléfonos celulares aún continúa.
Se argumenta que, aunque los teléfonos celulares transmiten a muy baja potencia, la cercanía de la antena plegable a la cabeza hace que el usuario absorba cantidades significantes de radiación en una región muy sensible.
Recientemente el Dr. Chris Newman, neurólogo de Baltimore, demandó a varias compañías de teléfonos por 800 millones de dólares, convencido de que su hábito de usar el celular en 9 años fue el causante del cáncer que padece en el cerebro. Los médicos que asisten a Newman aseveran que el tumor está localizado “en la posición anatómica exacta donde la radiación del teléfono incidía sobre su cráneo”. Pero un caso aislado no proporciona ninguna evidencia científica, y serán necesarios estudios estadísticos que abarquen varios años para llegar a conclusiones mas o menos válidas sobre los celulares
Actualmente se pueden encontrar informes sobre diferentes investigaciones realizadas en grandes grupos de personas o animales, pero con resultados totalmente contradictorios. Por ej., una investigación publicada en septiembre del 2000 en el Journal of the American Medical Association no encuentra riesgos significantes en el uso apropiado de los teléfonos celulares. Y en enero del 2001 un artículo del Journal of Epidemiology concluía que los usuarios de teléfonos móviles son tres veces más propensos a desarrollar cáncer en el ojo que quienes no los usan.
Lo cierto es que aún existe muy poca información acerca del efecto a largo plazo en el cuello y la cabeza de las radiaciones de baja potencia originadas por los celulares. Y los más optimistas consideran que, hasta el momento, el único problema de Salud que parece estar asociado al uso de estos teléfonos es el incremento de los accidentes de tránsito, causados por los chóferes que usan el celular en la vía sin atender debidamente al control del vehículo.


SIN EMBARGO, la realidad es que vivimos sumergidos en un mar de ondas electromagnéticas, donde la contribución de los celulares no es, ni mucho menos, la más importante. Además de la luz solar visible que absorbemos en la piel, ondas invisibles de radio, televisión y microondas atraviesan nuestros cuerpos continuamente, todos los días y cada segundo de cada día, mientras comemos, dormimos, nos bañamos o nos sentamos frente al televisor.
Estas radiaciones son generadas por los tendidos eléctricos, los radares, las redes de comunicación de todo tipo y por equipos industriales y del hogar como los televisores y los hornos de microondas. Se diferencian de la luz visible en su menor frecuencia y en su mayor capacidad de penetración en la sustancia, y se pueden clasificar como radiaciones no ionizantes de alta (a) y baja (b) frecuencia, como se muestra en la siguiente tabla.

Tabla # 1 Clasificación de la radiación electromagnética (en orden de frecuencia descendente)

Las radiaciones de menor frecuencia no son capaces de disgregar los átomos y moléculas que componen los tejidos, y durante mucho tiempo existió la creencia de que esta radiación era perjudicial sólo en intensidades muy elevadas. Sin embargo, ante la proliferación de equipos eléctricos y electrónicos que generan radiaciones no ionizantes de alta y baja frecuencia, en la última década han comenzado a ser objeto de atención las posibles consecuencias de una exposición prolongada a este tipo de radiación.
Se produce un efecto biológico cuando la radiación origina algún cambio perceptible en el organismo. El efecto no tiene que ser necesariamente perjudicial; puede ser inocuo, e incluso provechoso. Es benéfica, por ej, la producción de vitamina D por el organismo en respuesta a la absorción de la radiación solar en la piel. Pero el exceso de esta misma radiación puede causar quemaduras a corto plazo y cáncer a largo plazo, por un efecto acumulativo. Comúnmente existe un límite entre lo inocuo o provechoso y lo perjudicial según sea la intensidad de la radiación y el tiempo de exposición, factores que regulan la cantidad absorbida por el organismo.
El efecto más importante de las radiaciones no ionizantes de frecuencia superior a 1 megahertz y menor de 10 gigahertz (tipo “a” en la tabla 1) es el calentamiento inducido en los tejidos, fenómeno muy bien conocido, descrito por la ley de Faraday-Lenz y por la interacción dipolar con el agua. Incluso a niveles muy bajos de intensidad esta radiación produce pequeñas cantidades de calor, que son absorbidas por los procesos termorreguladores del organismo sin que el individuo lo perciba. Cuando la fuente de radiación es intensa y amplia, puede hacer que aumente la temperatura del cuerpo, el flujo sanguíneo y la sudoración. Si una persona es sometida a exposiciones muy intensas se pueden producir dolores de cabeza, náuseas, atontamiento y, eventualmente, un colapso circulatorio y la pérdida de la termorregulación del cuerpo, llegando a ser fatal en casos extremos.
Niveles altos de radiación se pueden encontrar a la distancia de algunas decenas de metros de antenas potentes de frecuencia modulada. Estas antenas se sitúan usualmente en puntos de difícil acceso, en el extremo de altas torres, y no ofrecen peligro directo. No obstante, las personas que trabajan en los sectores de la radiodifusión, transporte y comunicaciones, pueden estar expuestas a campos de intensidad elevada si realizan su actividad muy cerca de antenas transmisoras o de sistemas de radar. En la mayoría de los países, el uso para fines civiles y militares de los campos de radiofrecuencias está sujeto a normas muy estrictas.
La profundidad de penetración en los tejidos de la radiación de frecuencia inferior a 1 megahertz (tipo “b” en la tabla 1) es mayor que la del tipo “a”. Esta radiación es capaz de inducir cargas y corrientes eléctricas en el organismo, estimulando las células de tejidos tales como los nervios y los músculos. Pequeñas corrientes eléctricas están siempre presentes en el organismo como parte normal de las reacciones químicas propias de la vida. Pero si los campos de radiofrecuencias inducen corrientes que excedan el nivel normal de los tejidos, es posible que se produzcan efectos perjudiciales para la salud. Se ha encontrado, por ej, que la exposición a la radiación de baja frecuencia altera la actividad eléctrica del cerebro en gatos y conejos, al modificar la movilidad de los iones de calcio. Este efecto también se ha comprobado en células y tejidos aislados.
Otros estudios sugieren que la acción de la radiación cambia el ritmo de proliferación de las células, altera la actividad de ciertas enzimas o afecta al ADN celular. Pero no se conoce la incidencia que estos cambios podrían tener en la salud, y las explicaciones dadas al origen de los supuestos cambios usualmente no resisten el escrutinio científico. Aún queda mucho por investigar en este sentido.
Las fuentes que emiten la mayoría de la radiación en nuestro entorno inmediato se pueden clasificar según se localicen en la comunidad, la vivienda o el puesto de trabajo. La mayor parte de la radiación observada en la comunidad procede de antenas emisoras de radio, televisión y de equipos de telecomunicaciones. La exposición a la radiación emitida por estos últimos equipos es, en promedio, inferior a la emitida por los aparatos de televisión en la vivienda. Los niveles mas elevados de radiación se registran en zonas situadas en las inmediaciones de emplazamientos de transmisores o sistemas de radar.
Entre las fuentes de radiación en la vivienda figuran los hornos de microondas, los teléfonos móviles, los dispositivos de alarma antirrobo y los televisores. Los hornos de microondas, que en principio podrían originar niveles de radiofrecuencias muy elevados, están sujetos a normas estrictas de calidad que limitan las fugas de radiación. En general, el nivel básico de radiación de los equipos electrodomésticos es razonablemente bajo.
La radiación en el puesto de trabajo se puede originar en los calentadores dieléctricos empleados para laminación de maderas y sellado de plásticos, calentadores por corrientes de inducción, hornos de microondas para uso industrial, equipos de diatermia para tratar la inflamación y el dolor, y los aparatos de electrocirugía para cortar y soldar tejidos. Siempre existe la posibilidad de que el personal que trabaja con estos equipos sufra un exceso de radiación, por lo que se deben de cumplir estrictamente las normas y regulaciones establecidas para estos casos.
Existen normas internacionales decretadas para garantizar la seguridad de los aparatos emisores de radiofrecuencias, y para que su uso no interfiera con el de otros equipos.
La Comisión Internacional de Protección contra las Radiaciones No Ionizantes (International Comission on Non Ionizing Radiation Protection ICNIRP), organización no gubernamental reconocida oficialmente por la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha establecido límites admisibles para la exposición a campos de radiofrecuencias. Las directrices de la ICNIRP se prepararon sobre la base del examen colegiado de todas las publicaciones científicas, incluidas las relativas a los efectos térmicos y no térmicos. Las normas se basan en la evaluación de los efectos biológicos que poseen consecuencias demostradas para la salud, y están sujetas a cambios a medida que avanza la investigación y el conocimiento sobre el tema.
Los niveles promedio de radiación que se observan habitualmente en la comunidad y la vivienda actualmente se encuentran muy por debajo de los límites admisibles de radiación fijados por el ICNIRP.
Hasta el momento existe poca evidencia acerca de alguna relación causa-efecto entre la exposición a las radiofrecuencias y el cáncer, aunque algunos estudios recientes sugieren que las radiofrecuencias pueden inducir el crecimiento de tumores en animales.
La mayor cantidad de evidencia se refiere a campos intensos como los que se encuentran en la industria. En investigaciones realizadas en obreros expuestos a niveles significativos de radiación se han encontrado correlaciones que indican un cierto incremento del riesgo de contraer leucemia. Pero existen dudas de si los resultados se deben a los campos electromagnéticos o a algún otro agente; por ej., a agentes químicos también relacionados con el trabajo de los obreros.
Tampoco se han encontrado evidencias decisivas sobre la posible influencia de la exposición a la radiación en el cáncer de los niños, aunque se ha especulado mucho acerca de la supuesta relación entre la leucemia y las líneas de alta tensión. Lo cierto es que estas investigaciones, realizadas en sectores residenciales, son complejas y usualmente poseen un gran margen de error, pues deben tomar en cuenta factores tales como la distancia de la vivienda a las líneas de alta tensión, el tiempo de exposición, o la presencia de otros emisores de radiación en las cercanías, incluyendo los equipos domésticos.
De todas maneras se han encontrado relaciones positivas entre microondas y desórdenes de todo tipo. Estas investigaciones ya han puesto de manifiesto cómo influyen las microondas sobre los tejidos de los seres vivos.
Los organismos animales utilizan electricidad para desarrollar sus funciones vitales. Lo que corre por los nervios son corrientes eléctricas. Pruebas como el electroencefalograma o el electrocardiograma lo que hacen es registrar la actividad eléctrica del cerebro o del corazón para detectar si existen irregularidades en su funcionamiento. El Dr. Hyland, de la Universidad de Warwick (GB), afirma que las ondas utilizadas por los teléfonos móviles son de la misma frecuencia que las ondas cerebrales alfa, por lo que, aunque la intensidad sea muy baja, el cerebro está especialmente sensibilizado a esta frecuencia (recomendaciones para usuarios de teléfonos móviles, donde se muestra en la tabla 2).

Tabla # 2 Recomendaciones para usuarios de teléfono móvil

Sintetizando mucho, citaremos algunas de las principales vías de influencia, aunque hay que decir que prácticamente cada día hay algún equipo de investigadores que descubre nuevas alteraciones: una de ellas es a través de un aumento de la permeabilidad de la barrera hemato-encefálica: Las neuronas, como todas las células, están recubiertas de una membrana que las protege del exterior. Las microondas provocan una dilatación de los poros de esa membrana, que se hace así permeable a determinadas sustancias que no deberían entrar en las neuronas. Este proceso permite relacionar las microondas con tumor cerebral, enfermedad de Alzheimer y pérdidas de memoria, como consecuencias más directas.
Otra vía de influencia es a través de la producción de melatonina. La melatonina es una hormona descubierta recientemente, producida por la glándula pineal, una de cuyas funciones conocidas es la de regular los ritmos de sueño y vigilia. Una alteración en su producción conlleva desarreglos del sueño y caracteriales, tales como depresión, cansancio y, en el extremo, propensión al suicidio.

Experimentos de laboratorio han demostrado que las radiaciones de baja intensidad producen roturas en el ADN. El ADN es el encargado de fabricar células especializadas, y su rotura puede provocar la fabricación de células no especializadas, es decir, cáncer.
También en la rama epidemiológica se han hecho investigaciones como las que siguen:

  • El doctor Siegal Sadetzki, del Centro Médico Chaim Sheba en Tel Hashomer, Israel, ha informado que niños israelíes que emigraron a Estados Unidos en los años 50 -y que entonces fueron tratados con radiaciones para tratar una enfermedad del cuero cabelludo- están desarrollando en la actualidad meningiomas, un tipo de tumor. La incidencia de este cáncer entre la población que fue irradiada hace 30-35 años es de 4 a 5 veces mayor que en la población no irradiada. (American Journal of Epidemiology, Febrero 2000)
  • El Instituto Militar de Higiene y Epidemiología de Varsovia (Polonia), bajo la dirección del Profesor Stanislaw Szmigielsky, también ha avanzado información de la investigación que están llevando a cabo y que tienen previsto terminar en 2005. El estudio hace un seguimiento de los historiales médicos de los soldados que estuvieron expuestos a radiaciones de microondas (las mismas que utilizan los teléfonos móviles) entre los años 1970 y 1990, y los compara con historiales de otros soldados que no estuvieron expuestos. Algunos de los hallazgos reportados son:
  1. Los soldados expuestos son más propensos a desarrollar una larga lista de cánceres 10 años antes que los no expuestos.
  2. El grupo expuesto muestra una mayor incidencia de muerte por cáncer de piel, cerebro, sangre, aparato digestivo y sistema linfático que el grupo no expuesto.
  • El artículo se publicó en el UK Sunday Mirror el domingo, 26 de Marzo 2000.

Otro estudio encontró que la muerte por suicidio entre los trabajadores que están regularmente expuestos a radiaciones electromagnéticas fue doble que entre los trabajadores no expuestos, encontrando además que el riesgo más alto de suicidio se daba entre los que estaban sometidos a mayores niveles de exposición, particularmente durante el año que precedió al suicidio. La relación más fuerte se encontró entre los que murieron antes de los 50 años.
El estudio lo llevó a cabo un equipo de investigadores de la Universidad de Carolina del Norte (EE.UU.) y se publicó en el último número de Occupational and Environmental Medicine, Marzo 2000.
Las investigaciones de todo tipo continúan actualmente, fundamentalmente en Europa y EE.UU. Por eje, la Agencia Internacional para Investigaciones Contra el Cáncer de Lyon, Francia, dirige un estudio sobre el cáncer y los teléfonos celulares que debe finalizar en el año 2004 y abarca 13 países, 8 de ellos en Europa.
Existen también antecedentes comprobados que la absorción de energía electro-magnética por parte de la corteza cerebral de los niños es mas del doble de la de un adulto como se puede apreciar en la figura Nº 1, existe mayor absorción de energía por parte de las células cerebrales a mayor frecuencia.

Figura No 1: Coeficiente de absorción de las células cerebrales. (Información Tomada del artículo Compilation of the Dielectric Properties of Body Tisues at RF and Microwave Frecuencies.- Physics of Medicine and Biology, Vol 41 Nº 11 Pag 2231 a 2293 – año 1996

Como se observa, el coeficiente de absorción para los tejidos cerebrales es alrededor del doble para las transmisiones de telefonía digital (PCS), que la de la telefonía analógica (Cell).
Otro estudio realmente interesante es el realizado por el Dr Om Gandhi donde se observa la gran diferencia de penetración de entre los cráneos de un adulto y el de los niños. Esto se observa con claridad en la figura No 2. Conjuntamente con esto se debe considerar que la formación del cerebro humano evoluciona hasta la edad de los 15 años aproximadamente y por lo tanto teniendo en cuenta que se ha comprobado alteraciones en el ADN al estar expuesto a ondas electromagnéticas de bajo nivel, se debe limitar el uso de teléfonos celulares a los jóvenes menores de 15 años.

Figura No 2: Penetración de la energía electromagnética de un teléfono celular en el cráneo humano para el caso de un adulto (a), para un niño de diez años (b), y para un niño de cinco años (c). Tomado del trabajo del Dr. Om Gandhi – Universidad de UTAH – año 1996, en su estudio para definir la gran diferencia de la profundidad de penetración en el cráneo entre adultos y niños.

También otro ejemplo lo tenemos en el trabajo presentado por el Dr Neil Cerry de la Universidad de Lincoln, Canterbury, New Zealand, en junio de 2000 “ Probable Health Effects associated with cell phone towers” se hace un estudio a partir de un gran número de antecedentes perfectamente documentados, y de este estudio hemos extraído un caso que permite visualizar la probabilidad de la correlación entre los casos de leucemia y la radiación electromagnética. Partimos del trabajo realizado por Selvin et al. (1992) de la recopilación estadística de los casos de Leucemia ocurridos en la Ciudad de los Ángeles California para menores de 21 años, pagina 20 “Sutra Tower Study”. En el área de la Ciudad de San Francisco existe una torre de transmisión de Televisión Digital de 300 metros de altura que a su vez se encuentra sobre una colina de 276 metros lo que hace un total de 576 m. Los elementos activos se encuentran a 520 m. Y posee un diagrama de irradiación lineal para la emisión de TV Digital de alta frecuencia (UHF) como el indicado en la figura 3.

Figura Nº 3: Diagrama de irradiación lineal de la torre Sutro de TV.

Cuando se considera el estudio epidemiológico de los casos de leucemia en menores de 21 años y se lo colocan en la ubicación geográfica de los domicilios de los niños afectados, se obtiene un mapa de los casos como el indicado en la figura 4.

Figura Nº 4: Mapa de ubicación geográfica de los casos de leucemia en menores de 21 años en el distrito de la Ciudad de San Francisco, California.( Selvin et al. 1992).

Si superponemos las figuras 3 y 4 veremos que la mayor parte de los casos coinciden con las zonas de mayor radiación de la antena (figura 5).

Figura Nº 5: Superposición de los diagramas de irradiación de la antena con el mapa del distrito de San Francisco con los casos de leucemia.

Teniendo en cuenta el tipo de emisión electromagnética de modulación digital y de acuerdo con el diagrama de densidad de potencia en función de la distancia, como se observa en la figura 6, se puede estadísticamente sacar una relación de los casos de leucemia con relación a la distancia a la torre y superponer en esta graficación la densidad de potencia irradiada. Esto nos dará una visualización de la probable asociación entre la radiación de campos electromagnéticos y los casos de leucemia.

Figura Nº 6: Diagrama de densidad de potencia en función de la distancia radial

Estadísticamente en la figura 7 se observa la relación de los picos de densidad de potencia correlativamente con los picos de densidad geográfica de casos de leucemia.

Figura Nº 7: Diagrama de casos de leucemia y densidad de potencia en función de la distancia radial a la antena.

Como complemento y muy buena actualización sobre este tema de la influencia de las ondas electromagnéticas en nuestra salud, existe un libro editado en el presente año, CELL PHONES, Invisible Hazards in de Wireless Age, de los siguientes autores Dr George Carlo y Martín Schram, editado por Carroll & Graf Publishers Inc – First Edition 2001.
Se han hecho otros trabajos con objetivos parecidos como son el proyecto CEM (de campos electromagnéticos), auspiciado por la Organización Mundial de la Salud, en el cual participan numerosos países, y mediante el cual se pretenden aunar esfuerzos con el objeto de lograr un adecuado conocimiento sobre los efectos de la contaminación electromagnética. También es de importancia destacar la labor realizada por la Comisión de las Comunidades Europeas, que en 1998 elaboró en su seno unas Recomendaciones para los países europeos en materia de contaminación electromagnética.
La intensidad de la radiación disminuye aproximadamente en forma proporcional al inverso del cuadrado de la distancia. Significa que una persona situada a 1 metro de una de una fuente de radiación recibe 100 veces más radiación que otra situada a 10 metros, y 10 000 veces más que otra situada a 100 metros.

Autores:
Ing. Rosayda Baez Montesino
Ing. Danay Delgado Sanchez
Lic. Silvano Pérez Morales


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